Archivado en March, 2012

Medicina y eutanasia

“Estimo ser oficio del médico no sólo restaurar la salud, sino mitigar el dolor y los sufrimientos, y no sólo cuando esa mitigación pueda conducir a la recuperación, sino cuando pueda lograrse con ella un tránsito suave y fácil; pues no es pequeña bendición esa “eutanasia” que César Augusto deseaba para sí, y que fue especialmente notada en la muerte de Antonino Pío, que fue a modo y semejanza de un adormecimiento dulce y placentero. Mas los médicos, al contrario, tienen casi por ley y religión el seguir con el paciente después de desahuciado, mientras que, a mi juicio, debieran a la vez estudiar el modo, y poner los medios, de facilitar y aliviar los dolores y agonías de la muerte”.

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He pasado revista a la filosofía natural y sus deficiencias; en lo cual me he apartado de las doctrinas antiguas y actualmente establecidas, y por ellos suscitaré contradictores; por mi parte, así como no hago gala de disentir, así me propongo no contender.

Si morir es dormir, ¿por qué convertimos un dulce sueño en una pesadilla?

La composición variable del cuerpo humano lo ha constituido como un instrumento que fácilmente se desafina; y por eso los poetas hicieron bien en unir la música y la medicina en Apolo, porque el oficio de la medicina no es otro que el de afinar esa arpa extraña que es el cuerpo humano y llevarla a la armonía.

SABIDURÍA O NECEDAD, ¿DA LO MISMO?

Ahora bien, del ser tan variable el objeto se ha seguido que el arte fuera más conjetural; y el arte, al ser conjetural, ha dejado tanto mayor espacio a la impostura. Y por eso muchas veces al impostor se le premia, y al hombre de talento se le critica. Más aún, vemos que la debilidad y la credulidad de los hombres son tales que a menudo prefieren un charlatán o hechicero a un médico instruido. (more…)

Fármacos de paz

«La adormidera, desde siempre símbolo del sueño y el olvido, tiene además la propiedad de estirar el tiempo casi hasta el infinito; no el tiempo de los relojes, sino el que es enteramente posesión del hombre, a la vez presente y ausente. Es el mayor de los lujos: tener un tiempo propio.» E. Jünger, Acercamientos.

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Los padecimientos tienen mil orígenes e intensidades. Pueden ser un leve dolor de cabeza constante y un cólico nefrítico agudo, cuando no la pérdida de alguien muy querido, un descontento consigo mismo, el trauma de sufrir una intervención quirúrgica o la premonición de una muerte próxima. Sería ridículo hacer frente a distintas fuentes e intensidades de padecimiento con los mismos recursos, y por eso los humanos han ido inventando remedios adaptados a cada condición.

MIENTRAS NO PODAMOS PONER REMEDIO A LOS DOLORES Y SUFRIMIENTOS INSOPORTABLES, LOS NARCÓTICOS NOS PERMITEN RECOBRAR FUERZAS AL MANTENERNOS ADORMECIDOS O SEDADOS

La diferencia antes apuntada entre dolor y sufrimiento (duele más un martillazo en la yema de un dedo que su amputación de un hachazo, aunque cause incomparablemente menos sufrimiento) no significa tampoco que sean cosas unívocas o monolíticas. Si me está torturando una muela empleo un analgésico hasta acudir al dentista, y si él extrae la pieza en cuestión no emplea ese analgésico sino otro muy distinto, que se denomina analgésico local, pues el dolor que provoca la infección no es comparable al que provoca la extracción.

Para empezar, ciertos dolores y sufrimientos vienen de dentro, mientras otros vienen claramente de fuera; los hay crónicos y ocasionales, soportables con algo de entereza y absolutamente insoportables, morales y orgánicos, vergonzosos y dignos, previsibles e imprevisibles. (more…)

El problema de nuestro tiempo

“El alma es el problema de nuestro tiempo. Lo psicológico ha adquirido un poder de atracción verdaderamente asombroso. Eso explica la sorprendente difusión mundial del llamado psicoanálisis, sólo comparable al éxito de la Ciencia Cristiana, la teosofía o la antroposofía; y no sólo por el éxito, sino también por su esencia, ya que el dogmatismo de Freud está en el fondo muy próximo al carácter de convicción religiosa de la Ciencia Cristiana y la antroposofía. Como grandes sistemas de salvación, las religiones son una curación para los padecimientos del alma. Las neurosis y enfermedades similares se originan sin excepción en complicaciones anímicas. Los incontables elementos patológicos de la población constituyen uno de los factores más poderosos de la tendencia psicológica de nuestro tiempo. También hay personas serias e inquietas, lo bastante sensatas como para estar suficientemente convencidas de que el alma que cada cual lleva consigo en el lugar originario de toda aflicción anímica y, al mismo tiempo, la cuna natal de toda verdad salvadora anunciada alguna vez como buena noticia al hombre sufriente. Del alma, que nos procura los conflictos más disparatados, esperamos también la solución, por lo menos una contestación válida al “¿por qué?” que ciegamente nos aflige.”

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Probablemente sea aún totalmente imposible bosquejar hoy un cuadro general y, por lo tanto, auténtico, de aquello que comúnmente circula con el muy calumniado nombre de “psicoanálisis”. El profano entiende usualmente por “psicoanálisis”, una descomposición médica del alma con objeto de descubrir causas y conexiones ocultas, pero esto sólo afecta a una pequeña parte del fenómeno en cuestión. Ni siquiera considerarlo en sentido más amplio -de acuerdo con la concepción de Freud– como instrumento fundamentalmente médico para curar las neurosis agota la esencia del objeto.

EL PSICOANÁLISIS NO ES SÓLO UN ESFUERZO CIENTÍFICO, SINO SOBRE TODO UN SIGNIFICATIVO SÍNTOMA PSÍQUICO DE FREUD

El psicoanálisis, sobre todo en el estricto sentido freudiano, no es sólo un método terapéutico, sino también una teoría psicológica que no se limita en absoluto a las neurosis y a la psicopatología general, sino que trata también de incorporar a su dominio el fenómeno normal de los sueños y, más allá, el extenso ámbito de las ciencias del espíritu: la literatura, las artes plásticas en general, la biografía, la mitología, el folklore, la ciencia comparada de las religiones y la filosofía.

La cabeza estalla, por Dalí.

Caso infrecuente en la historia de la ciencia -aunque eso forme parte del peculiar carácter de la corriente intelectual “psicoanalítica”-, Freud, el creador del psicoanálisis en sentido estricto, insiste en identificar el método con su teoría sexual, imprimiéndole un carácter dogmático. Esta declaración de infalibilidad “científica” provocó en su día mi ruptura con Freud, pues dogma y ciencia son para mí magnitudes inconmensurables que se dañan recíprocamente al fusionarse.

El dogma religioso es de valor inestimable precisamente por su punto de vista absoluto. Pero la ciencia, si prescinde de la crítica y del escepticismo, degenera en una planta de invernadero enfermiza. La ciencia requiere la máxima inseguridad como uno de sus elementos vitales, precisamente allí donde nuestra inclinación al dogma, y con él a la intolerancia y al fanatismo, clausura una duda probablemente muy justificada, eliminándose con argumentaciones una inseguridad demasiado fundada. (more…)

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