No necesitamos armarnos, sino amarnos

Hirania Luzardo/Senior Editor/EE.UU./14 de diciembre de 2012.

El tiroteo en la Escuela Primaria Sandy Hook es la peor pesadilla que cualquier padre pueda vivir y que nos demuestra la vulnerabilidad y fragilidad en la que viven nuestros hijos, así como la impotencia de los progenitores ante eventos sobre los que no hay control.

Pequeños niños de educación primaria, entre cuatro y 10 años de edad, a la espera de la Navidad, en un viernes como otro cualquiera, esperando el fin de semana para disfrutar, han experimentando la peor jornada de sus vidas, una que probablemente los marcará para siempre.

Aún se tiene en la memoria aquel 20 de abril de 1999 en la escuela secundaria de Columbine, en el condado de Jefferson, en Colorado, donde dos estudiantes sin COMPASIÓN alguna abrieron fuego contra sus compañeros y empleados de la escuela. Doce estudiantes muertos y más de veinte heridos.

Esa es la palabra que cada día más perdemos en la agitada existencia del llamado “primer mundo”: COMPASIÓN.

Se ha perdido la forma de controlar el deseo cada vez más irrefrenable de los ciudadanos de poseer armas de fuego y de atacar.

Y cada vez es menos el deseo de armarnos de amor.

Ante el luto que nos embarga, nos dicen que no es momento de hablar sobre el control de armas, pero entonces cuándo.

Necesitamos una conversación robusta entre conservadores y liberadores. Necesitamos armonizar un punto de debate, que respete la Segunda Enmienda de Estados Unidos -que da el derecho a la posesión de armas y que es parte de la llamada Carta de Derechos, aprobada el 15 de diciembre de 1791- pero que no sea una puerta más para la creciente violencia social que vivimos.

El problema de por qué de la violencia juvenil tiene respuestas políticas, sociales, de salud mental, pero fundamentalmente tienen un origen crítico en el seno familiar.

Los padres cada vez tienen menos tiempo para saber qué pasa por la cabeza de sus pequeños, qué les preocupa. Esas preocupaciones se agigantan en la mente de adolescentes y jóvenes atormentados, algunos desconectados de la realidad, que sólo encuentran la salida en la violencia, y en un tiroteo como el de Connecticut, que tendrá más preguntas que respuestas, aunque pasen los días y los años.

Simplemente cada día hay menos valores familiares, más familias destruidas, menos tiempo y más armas.

Afortunadamente, el Presidente Obama reconoció hoy la dimensión de esta tragedia. y la necesidad de una solución ante el luto que nos embarga. ¿Hasta cuándo? La solución parece lejos, pero tenemos que encontrar el camino.

FUENTE: Huffpost Voces

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