RESUMEN

Hay multitud de estudios epidemiológicos que asocian el consumo de dietas ricas en productos de origen animal con la génesis del cáncer, pero que no tienen en cuenta, a la hora de recoger y analizar los datos, el efecto que pudieran tener los hidratos de carbono de la dieta y las alteraciones presentes en el metabolismo de la glucosa, que pueden ser importantes sesgos de confusión.

Esto se debe a que se ha comprobado que factores relacionados con los hidratos de carbono y el metabolismo de la glucosa, como la contribución energética de los hidratos de carbono, el índice glucémico y la carga glucémica de los alimentos ingeridos así como la glucemia y la insulinemia, tanto en ayunas como tras una sobrecarga oral con glucosa, pueden estar asociados al riesgo de desarrollar muchos tipos de cáncer, por lo que deberían tenerse en cuenta en la recogida e interpretación de la información epidemiológica.

* * * * * *

MECANISMOS DE CONEXIÓN HIDRATOS DE CARBONO-CÁNCER

Son muchos los científicos que avalan las dietas que tienen entre un 55 y un 70% de hidratos de carbono como más equilibradas y saludables. No obstante, también son abundantes los trabajos que otorgan un gran protagonismo a los hidratos de carbono en la génesis del cáncer.

Los factores de crecimiento similares a la insulina tipo 1 y 2 (IGF-1 y 2, respectivamente) tienen un fuerte efecto mutagénico en una gran variedad de líneas celulares cancerosas, como el sarcoma, la leucemia, y el cáncer de próstata, mama, intestino, pulmón, colon, estómago, esófago, hígado, páncreas, riñón, tiroides, cerebro, ovario, endometrio y cuello uterino [1-6].

Se ha comprobado que una dieta alta en hidratos de carbono (un 72% del aporte energético) tiene una mayor capacidad en la estimulación de la síntesis de IGF-1 que una dieta alta en grasas (un 80% del aporte energético) [7] y que la insulina tiene capacidad para estimular los receptores del IGF-1 [8] .

También hay que tener en cuenta que la acción que ejerce

la insulina, ya sea mediante la activación de los receptores de la insulina o la activación cruzada de los receptores del IGF-1, tiene un efecto mutagénico y promotor de la tumorogénesis,

de tal forma que

la hiperinsulinemia puede ser el origen de la asociación existente entre el cáncer y factores como el perímetro de cintura, la grasa visceral, el índice cintura-cadera, el índice de masa corporal, la vida sedentaria y la ingesta energética [9]

que, como bien sabemos, son todos ellos factores asociados a un mayor riesgo cardiovascular y de diabetes.

En conexión con lo anterior, se ha comprobado

que la resistencia a la insulina se asocia a una mayor posibilidad de desarrollar cáncer [10],

que tanto los valores de glucosa en ayunas como la diabetes son factores de riesgo independientes de mortalidad por cáncer [11,12] y su incidencia,

y que el riesgo aumenta con la mayor glucemia en ayunas [11] .

Por todo ello, se podría afirmar que

las dietas altas en hidratos de carbono podrían tener asociado un mayor efecto cancerígeno, a través de una mayor producción de IGF-1 y de insulina.

Además,

si tenemos en cuenta que las células tumorales, por su mayor actividad metabólica, necesitan un mayor aporte energético, el hecho de disponer de más glucosa podría ser también un factor favorecedor del desarrollo tumoral.

Por tanto,

las dietas muy ricas en hidratos de carbono y los estados de resistencia insulínica y diabetes tipo 2 que, en su mayoría, son una consecuencia de aquéllas, ya que los hidratos de carbono llevan asociados mayores valores circulantes de glucosa, insulina e IGF-1, podrían favorecer el desarrollo tumoral.

TUMORES ASOCIADOS A LA INGESTA DE HIDRATOS DE CARBONO Y LAS ALTERACIONES EN EL METABOLISMO DE LA GLUCOSA
TUMORES GINECOLÓGICOS

En el cáncer de endometrio se ha encontrado una

asociación directa con la ingesta de alimentos con alto índice glucémico [13] o alta carga glucémica [13,14].

[NOTA DEL AUTOR: La carga glucémica es el producto del índice glucémico por la cantidad de hidratos de carbono que tiene ese alimento, lo que representaría la calidad y cantidad de esos hidratos de carbono [15]; a efectos prácticos, serían los hidratos de carbono asimilables que tiene ese alimento por unidad de peso y la respuesta glucémica que éstos llevan asociada.]

El cáncer de ovario también

muestra asociación con el índice glucémico y la carga glucémica, debido al posible papel de la hiperinsulinemia y la resistencia insulínica [16] .

Respecto al cáncer de mama se ha comprobado que

no existe asociación con el consumo de carne y pescado [17], y la cantidad total de calorías ingeridas, de cualquier tipo de grasa, de carne roja y de comidas ricas en grasas animales [18].

En cambio,

existe asociación entre el riesgo de desarrollar cáncer de mama y el consumo de alimentos ricos en almidones como el pan, las patatas, las pastas y las galletas [19], y de alimentos ricos en productos azucarados, como los refrescos y los postres;

se ha observado una relación lineal entre el riesgo de desarrollar cáncer de mama en mujeres jóvenes (20-44 años), el porcentaje de calorías aportadas por alimentos azucarados y la frecuencia con la que son ingeridos [18].

Estos hallazgos se sumarían

a la asociación descrita entre el índice y la carga glucémica y el riesgo de desarrollar cáncer de mama,

probablemente como consecuencia de la hiperinsulinemia y resistencia insulínica [20].

Asimismo, se ha comprobado que

existe asociación entre las concentraciones elevadas de insulina en ayunas y un mayor grado de recurrencias y muertes por cáncer de mama,

y que, ajustando para el índice de masa corporal,

los mayores valores de insulina en ayunas se asocian a un peor pronóstico [21].

Franceschi et al [19]

no encuentran asociación entre el cáncer de mama y las grasas saturadas, las proteínas y la fibra, pero sí que establecen que las grasas mono y poliinsaturadas tienen un efecto protector.

Romieu et al [22]

también encuentran asociación entre la ingestión de hidratos de carbono y el cáncer de mama, pero no encuentran asociación con la ingestión de grasas.

Por su parte, Higginbotham et al [23] demuestran que,

en mujeres premenopáusicas que realizan poca actividad física, existe asociación entre la carga glucémica de su dieta y el riesgo de desarrollar cáncer de mama.

TUMORES DEL APARATO DIGESTIVO Y ANEJOS

Se ha encontrado asociación entre la ingesta de hidratos de carbono y el cáncer de estómago [24].

Las alteraciones en el metabolismo de la glucosa también afectan al hígado, como lo demuestra el hecho de que

el riesgo de enfermedad crónica hepática no alcohólica y el carcinoma hepatocelular es doblemente frecuente en sujetos diabéticos que en no diabéticos,

con independencia de las características de la población y de la etiología de la enfermedad hepática, ya sea de tipo viral o alcohólica [25] .

El páncreas es otro órgano susceptible de ser afectado por los hidratos de carbono ingeridos, ya que se ha comprobado que en mujeres no diabéticas tanto la ingesta de alimentos que provocan una alta carga glucémica como la ingesta de alimentos ricos en sacarosa incrementan el riesgo de desarrollar cáncer de páncreas en un 53 y un 57%, respectivamente; estos valores no son estadísticamente significativos, pero sí lo son

cuando las mujeres valoradas tienen sobrepeso y una vida sedentaria, ya que en este caso el riesgo de desarrollar cáncer de páncreas aumenta en un 167% para la ingestión de alimentos con alta carga glucémica y en un 217% para la ingestión de alimentos ricos en sacarosa [26] .

Borugian et al [27] encontraron en el cáncer colorrectal

asociación entre el riesgo de desarrollar cáncer en ambos sexos y el consumo de hidratos de carbono totales e hidratos de carbono sin fibra;

en mujeres, el riesgo es mayor para el colon derecho y en varones para el recto.

Por su parte, Franceschi et al [28] encontraron

asociación entre el cáncer colorrectal y el índice glucémico y la carga glucémica.

Asimismo, Nilsen y Vatten [29] encontraron, en mujeres, una

asociación positiva entre el desarrollo de cáncer colorrectal, la diabetes y los valores de glucosa en sangre.

También se ha comprobado que independientemente del sexo,

los individuos con valores más elevados de glucemia en ayunas presentan casi el doble de riesgo de desarrollar cáncer de colon, y existe una relación estadísticamente significativa de tipo lineal.

De la misma forma,

los valores de glucosa e insulina a las 2 h. de una sobrecarga oral de glucosa mostraron una asociación positiva con el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal [30].

La posible asociación existente entre la ingesta de dietas altas en hidratos de carbono y el cáncer colorrectal puede deberse a la resistencia insulínica [31,32], que actuaría a través del efecto promotor de los mayores valores de insulina [31,33], glucosa y triglicéridos que tiene asociados [31].

Entre todos los alimentos ricos en hidratos de carbono,

los que muestran una mayor asociación con el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal son el pan y los cereales no integrales, las patatas, los dulces y el azúcar refinado,

mientras que

los alimentos que tienen un efecto protector son los vegetales crudos o guisados, las frutas y el pescado [34].

EFECTO ANTITUMORAL DE LAS DIETAS BAJAS EN HIDRATOS DE CARBONO

En contraposición a las dietas altas en hidratos de carbono, se ha comprobado que

las dietas que son muy bajas en hidratos de carbono o dietas cetogénicas pueden tener un efecto antitumoral,

ya que

pueden ser eficaces a la hora de reducir el tamaño del tumor y evitar la pérdida de masa muscular asociada a la enfermedad

tanto en humanos [35,36] como en ratones [37].

Concretamente, se ha descrito que en astrocitomas

la combinación de una dieta cetogénica con restricción calórica puede reducir la vascularización del tumor, y un 80% de la masa tumoral, debido a un mecanismo basado en la inhibición de la angiogénesis [38].

Otro factor que podría estar implicado en esta inhibición tumoral es la menor disponibilidad de glucosa que tiene el tumor [35].

Teniendo en cuenta el alto metabolismo que caracteriza a las células tumorales, con la consiguiente demanda de oxígeno y energía,

una inhibición de la angiogénesis y una limitación del aporte energético de glucosa podrían suponer una limitación importante en su crecimiento.

Por ello,

podrían ser de utilidad este tipo de dietas bajas en hidratos de carbono en la lucha contra el cáncer.

RECOMENDACIONES FINALES

Todos estos hallazgos deberían de tenerse en cuenta a la hora de llevar a cabo estudios epidemiológicos que intenten determinar factores etiológicos relacionados con la génesis del cáncer,

pues en caso contrario se podrían producir sesgos de confusión.

Entre los factores que deberían de tenerse en cuenta están:

la contribución energética que tienen los hidratos de carbono en la dieta,

el índice glucémico y la carga glucémica de los alimentos ingeridos,

y la glucemia y la insulinemia en ayunas y tras sobrecarga oral con glucosa.

AUTOR: Dr. Pérez-Guisado. Departamento de Medicina. Facultad de Medicina. Universidad de Córdoba. Córdoba. España. FUENTE: Endocrinol Nutr. 2006;53(4):252-5. PDF. Publicado: 11-7-2005.

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