Sí, tú también puedes salvar vidas: la de parientes, hijos (bebés y niños), amigos, extraños, incluso tal vez la tuya propia.

Muchas personas fallecen en el salón de su casa, comiendo a la mesa, en el trabajo, en los transportes públicos, en una reunión, etc., simplemente porque los que están más cerca no saben lo que pueden hacer para ayudarles.

No somos tan dependientes de los servicios médicos como los sistemas sanitarios paternalistas de los países más desarrollados nos han hecho creer.

Las técnicas más básicas de primeros auxilios, como la maniobra de Heimlich o la de Reanimación Cardio Pulmonar (RCP), pueden ser aprendidas por cualquiera con unas horas de entrenamiento.

Usar un DESA (Desfibrilador Externo Semiautomático), por ejemplo, no es mucho más difícil que usar un extintor.

En caso de atragantamiento o de parada cardíaca,

la persona más próxima es el mejor auxiliador, porque la muerte puede producirse en cuestión de segundos o minutos. No hay, pues, tiempo que perder.

Todos deberían acabar la enseñanza secundaria conociendo bien estas técnicas.

Pedir auxilio a los profesionales sanitarios es el segundo paso; pero el primero es acercarse a la víctima, comprobar su estado (conciencia, respiración, etc.) e iniciar las maniobras de primeros auxilios inmediatamente.

Cito el caso de Keisha Nava (de soltera, Waldropt), por tres motivos:

Uno, por la noticia que transcribo al final, publicada en el Boletín de un Hospital neoyorquino en febrero de 2014.

Dos, porque recientemente ha tenido que volver a practicar la Maniobra de Heimlich a otro adulto atragantado con una galleta en una reunión de padres en un Instituto; esta vez con más mérito, porque no es fácil hacerlo cuando se está embarazada de varios meses.

Tres, porque es mi nuera americana; y todos los miembros de su familia española no solo la queremos, sino que estamos muy orgullosos de ella.

* * *

«En febrero de 2014, durante un almuerzo de rutina en la planta Miner 6, la veloz enfermera Keisha Waldropt, salvó a un paciente del atragantamiento por un nefasto tallo de brócoli. El paciente, literalmente con la cara azul, le había indicado a la enfermera Waldropt que se estaba ahogando.

En unos momentos, la enfermera Waldropt realizó con éxito la maniobra de Heimlich, desalojando la comida de la garganta del paciente y evitando así su más que probable asfixia.

Al día siguiente, Debora Duggan, enfermera y directora asociada de enfermería (a la izquierda en la fotografía), y Rebeca Flood, también enfermera y presidenta senior de enfermería (a la derecha), le entregaron a la enfermera Waldropt un merecido ramo de flores.»

FUENTE: mScope. New York, 3-17 de febrero de 2014.

Una respuesta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.