“Es posible COMPRENDER EL MECANISMO de numerosas enfermedades consideradas como misteriosas, y MEJORAR O CURAR a la mayoría de las personas aquejadas de alguna enfermedad con un régimen alimenticio bien elegido. La alimentación moderna no es más que OTRO ERROR entre los numerosos cometidos por el hombre” Dr. Jean Seignalet (1936-2003), médico y biólogo.

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Al escribir mi primer artículo sobre nutrición, DIETA Y SALUD: MI MADRE, MI GATA Y YO, perseguía básicamente tres fines:

el poder de la Medicina nutricional para curar con una dieta adecuada las enfermedades más diversas es real, y no lo conocí por los libros ni por las teorías de los expertos, sino por la experiencia personal y clínica más directa.

«la alimentación moderna no es más que OTRO ERROR entre los numerosos cometidos por el hombre”. Otro error, sí; pero no un error cualquiera, puesto que

la alimentación que está dañando gravemente la salud de las personas en todo el mundo -niños, jóvenes y adultos- es la promovida oficialmente durante 50 años por los «expertos» gubernamentales y las «élites» nutricionistas.

excluyendo tres o cuatro alimentos que se ingieren en exceso y son especialmente dañinos, pero sin prescindir por completo de ningún grupo alimentario, la dieta tóxica habitual se convierte inmediatamente en una dieta saludable, incluso curativa.

LA NUTRICIÓN ÓPTIMA SERÁ LA MEDICINA PREVENTIVA Y CURATIVA DEL FUTURO

Sé perfectamente lo que dirán mis colegas médicos de todas las especialidades y los dietistas-nutricionistas universitarios: que los casos de mi madre y mío -y de cientos de mis pacientes- no son más que casos anecdóticos; que lo que afirmo “no está demostrado” por estudios clínicos aleatorios; y que «no es creíble» —aunque yo insistiré en que es verdad—, que

sólo «un régimen alimenticio bien elegido» puede curar o revertir de una tacada todas las enfermedades mencionadas en mi primer artículo, incluyendo la depresión crónica, la diabetes tipo II, el colon irritable o el asma.

Me ocuparé en otro momento de esta actitud negacionista de la clase médica y el gremio dietista-nutricionista, que cometen la osadía de tildar a toda dieta que no sea la oficial (precisamente la peor de todas) de «pseudocientífica».

Los resultados clínicos «innegables» observados por mí y otros muchos médicos nutricionistas, primero en nosotros mismos o parientes cercanos, y después en cientos o miles de pacientes que han acudido a nuestras consultas desesperados, merecen al menos un poco de respeto y consideración.

Además, todo el mundo debe saber que

si muchos médicos clínicos de atención primaria (o al menos de enfermeras-nutricionistas bien formadas) y de todas las especialidades no cambian de mentalidad y adoptan la nutrición como su herramienta preferente para prevenir y tratar las enfermedades crónicas, habrá que lamentar que generaciones enteras se vean privadas de sus magníficos beneficios y, sin necesidad alguna, acaben atiborrados de fármacos, que nunca curan nada, y finalmente en el hospital.

Es más, si tenemos en cuenta que mi madre volvía a casa con los medicamentos prescritos por los especialistas en una bolsa del supermercado, y ahora no va a la farmacia por ninguno,

es fácil imaginarse el ahorro impresionante de gastos farmacéuticos que se produciría en cualquier región o país, sólo con aplicar la dietética y la nutrición al tratamiento de la mayoría de los enfermos crónicos.

A la industria esta posibilidad no le gustará: su negocio es vender fármacos a enfermos crónicos convertidos en consumidores perpetuos. Y a la mayoría de los enfermos, triste es reconocerlo, tampoco:

es más cómodo reclamar una píldora para cada síntoma o enfermedad que exigirse a uno mismo un cambio  radical de los hábitos de alimentación y vida que destruyen su salud.

Pero los gobiernos y la sociedad deberían estar entusiasmados con ella. Porque tal como van las cosas,

los sistemas de salud pública y/o privada de los países más avanzados, que bajo el peso creciente de unos gastos farmacéuticos y hospitalarios desorbitados ya se están resquebrajando, acabarán colapsando económicamente y dejando desvalida a la inmensa mayoría de la población que pretenden proteger.

LA MAYORÍA DE LAS ENFERMEDADES CRÓNICAS SE PUEDEN PREVENIR Y CURAR CON UNA DIETA BIOLÓGICA

La Medicina Nutricional, cuando se hace bien, puede prevenir la mayoría de las enfermedades crónicas más graves y/o frecuentes (incluyendo el infarto y el cáncer), curar o revertir muchas de ellas y aliviar en todos los casos.

Como dice Thomas Collin Campbell,

la nutrición adecuada, como un estilo de vida dietético, puede hacer más para crear salud y ahorrar costos de atención en salud que todas las intervenciones médicas contemporáneas juntas.

Llamaré DIETA BIOLÓGICA a la adaptada a la fisiología y el metabolismo humanos, actualmente mejor conocidos que nunca, aunque queden aún muchos detalles por dilucidar.

Una alimentación adecuada favorece la salud durante toda la vida. Si las madres la observan antes y después de quedarse embarazadas, y se prosigue aplicando en familia durante la infancia y la adolescencia, tendremos generaciones enteras de niños, jóvenes y adultos sanos.

Si comiéramos bien a lo largo de todos los estadios de la vida, nunca tendríamos que «ponernos a dieta», salvo casos de intolerancias o alergias, que antes eran raros y actualmente revisten rasgos de epidemia.

La alimentación como  prevención y terapia (sin prescindir de otros pilares de la salud, obviamente) se puede aplicar, entre otros muchos, a los trastornos de aparatos y sistemas que se mencionan a continuación. A saber:

► Metabolismo: síndrome metabólico (sobrepeso, hiperglucemia, hipertensión, dislipemias, etc.), obesidad, diabetes del adulto, gota, hipoglucemias reactivas, resistencia a la insulina.

 Digestivo: reflujo, gastritis, colon irritable, enfermedad inflamatoria intestinal (colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn), intestino permeable, disbiosis, candidiasis, hígado graso, celiaquía.

► Hormonal: enfermedades del tiroides, ovarios poliquísticos, amenorrea y dismenorrea, síndrome premenstrual, menopausia.

► Neurológico: migrañas, depresión, insomnio, ansiedad, estrés, fatiga crónica, neuralgias, enfermedades neurodegenerativas, Parkinson, convulsiones, temblores.

► Cardiovascular: arritmias, enfermedades isquémicas (angina, infarto), arteriosclerosis, hipertensión, insuficiencia cardíaca, edemas.

► Osteomuscular: artritis, artrosis, osteoporosis, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, calambres, piernas inquietas.

 Piel: eccemas, alergias cutáneas, dermatitis, acné, psoriasis, vitíligo.

► Respiratorio: asma alérgico y no-alérgico, bronquitis crónica, apneas del sueño.

 Inmunitario: alergias alimentarias, enfermedades autoinmunes (diabetes tipo I, Graves-Basedow, tiroiditis de Hashimoto, dermatomiositis, esclerosis múltiple, síndrome de Guillain-Barré, artritis reumatoide, espondilitis anquilosante, lupus, miastenia grave, esclerodermia, síndrome de Sjögren, anemias hemolíticas, alopecia areata).

He aquí una lista “resumida” de las enfermedades -todas ellas consideradas por los médicos como «misteriosas» o de «causa desconocida»- pero que la Medicina, por medio de la Nutrición, puede tratar, con más o menos éxito, basándose en las aportaciones de la experiencia más antigua y de la ciencia más reciente.

Prácticamente,

no hay especialidad médica que no se pueda beneficiar de su aplicación, incluyendo, por ejemplo, la neurología/psiquiatría, la cardiología, la ginecología, la pediatría y hasta la oncología.

Ya que he empezado a publicar artículos sobre Nutrición de factura propia, en próximos artículos -más pronto que tarde- publicaré la dieta biológica (preventiva y terapéutica) que vengo recomendando a todos mis pacientes desde hace unos siete años.

Como estoy en la última etapa de mi vida profesional, no aspiro a tener más pacientes de Nutrición, puesto que no podría atenderles como deseo y se merecen (a la primera consulta no le dedico menos de 2 horas); pero

quiero divulgar mi experiencia como nutricionista entre en el público lector, para que puedan tener la opción de alcanzar una salud óptima, si aún no han enfermado; o de recuperar la salud perdida, si ya padecen alguna enfermedad crónica.

Si además lograre interesar a algunos colegas, sobre todo jóvenes, para que se adentren e investiguen en este campo ignorado y desconocido por la medicina convencional, que ha sido siempre la mía, mi satisfacción sería enorme.

SE PUEDE COMPRENDER LA CAUSA DE LAS ENFERMEDADES CRÓNICAS: EXPLICACIONES CIENTÍFICAS EMERGENTES

Teniendo en cuenta la complejidad de las enfermedades incluidas en el listado y su aparente falta de conexión entre ellas,

es sorprendente comprobar que la etiología (¿por qué surgen?) y la patogenia (¿cómo se producen?) de estas enfermedades es relativamente sencilla una vez que se comprenden los mecanismos o procesos implicados en su aparición y desarrollo.

Puzzle al que le falta una pieza.
Puzle al que le falta encajar una pieza.

Podríamos compararlo gráficamente con un puzle, cuyas piezas nos son aportadas sin orden ni concierto por distintas investigaciones clínicas y biológicas, y que no cobran sentido hasta que conseguimos ensamblarlas y verlas como un todo.

Como se ha dicho de las ciencias en general, en la nutricional también «cabalgamos a hombros de gigantes».

Gracias a pioneros como Jean Seignalet -tan grandes como incomprendidos- que nos han precedido, y a los que confieso deber mucho,

dar con la verdad en nutrición ahora es casi tan fácil -como decía Aristóteles de la filosofía- como acertar con una dardo en una puerta.

Aunque, como es natural, se equivocaran en algunas cosas (Seignalet , por ejemplo, abogaba por un crudivorismo que yo no recomiendo), acertaron en lo esencial:

la alimentación -junto con ciertos hábitos de vida- nos enferma (cuando es errónea) y nos cura (cuando es acertada).

Dicho esto, mencionaré rápidamente las causas principales y los mecanismos implicados mejor estudiados que nos conducen, por culpa de una alimentación tóxica, a enfermedades tan graves y dispares como la obesidad, la diabetes tipo 2, las enfermedades inflamatorias intestinales, las autoinmunitarias, los infartos, el Alzheimer y el cáncer.

Estas causas, por desgracia, son ignoradas olímpicamente por la mayoría de los médicos.

A. DIETA ALTA EN AZÚCARES Y FÉCULAS O ALMIDONES

El azúcar dietético, junto con los almidones de cereales y  tubérculos, es la raíz de todas las enfermedades «modernas», también llamadas «de la abundancia».

Desde que en los años 60 y 70 se demonizaron injustamente las grasas saturadas y el colesterol,

la población occidental, mal aconsejada por los expertos y animada por la industria de la comida rápida, se inclinó fatalmente hacia las féculas y almidones (pan, pasta, patata, arroz, etc.).

Por su parte, la industria azucarera alentó descaradamente el consumo de azúcares, pagando estudios favorables a sus intereses y comprando a científicos venales, «para que no vieran» ninguna relación entre el azúcar y la obesidad, la diabetes o el cáncer.

John Yudkin, el nutricionista más eminente de su época, que también era fisiólogo y médico, señaló al azúcar como causante de enfermedades tan graves como la diabetes y el cáncer.

Fue ridiculizado, tratado como «seudocientífico» y finalmente expulsado de su cátedra. Otros científicos que estaban de acuerdo con él, guardaron silencio para no seguir la misma suerte.

Ahora, a toda dieta que reduzca el aporte de los carbohidratos mencionados se la llama despectivamente «low carb» (baja en carbohidratos); pero

en verdad es la dieta oficial desde los años 70 la que es «high carb» (alta en carbohidratos) y realmente peligrosa para la salud.

B. SÍNDROME METABÓLICO

El síndrome metabólico fue descrito por algunos médicos mucho antes de que el endocrinólogo Gerald M. «Jerry» Reaven (1928-2018) lo definiera como «Síndrome X» en la Conferencia de Banting (1988). Incluyó en la definición del síndrome las siguientes alteraciones:

prediabetes o diabetes, obesidad abdominal, hipertensión, dislipemia (elevación de los triglicéridos y disminución del HDL-colesterol) e hiperinsulinemia.

Posteriormente se añadieron otras alteraciones asociadas:

hiperuricemia, cálculos renales, inflamación crónica, hipercoagulación, etc.

Reaven

relacionó el síndrome con la enfermedad coronaria (angina, infarto) y el fallo cardíaco.

Y adelantó el mecanismo por el que se produce:

resistencia a la acción de la insulina producida por un exceso de azúcares y almidones en la dieta.

Por eso

es incomprensible -y escandaloso- que los médicos sigan sosteniendo, 30 años después, que la causa es desconocida o genética.

C. DISBIOSIS Y CANDIDIASIS INTESTINAL CRÓNICA

Una dieta rica en azúcares y almidones causa un auténtico desastre fisiológico en el aparato digestivo, desde la boca hasta el ano.

La disbiosis o disbacteriosis es el

desequilibrio que se produce en la flora saprofita (conocida como microbiota o microbioma) que vive en nuestras mucosas cuando con una alimentación errónea acabamos diezmando los microbios «buenos» y alimentando a los «malos».

El resultado es

caries y enfermedad periodontal, gastritis, indigestiones, colon irritable, malabsorción intestinal, colitis ulcerosa, etc.

Y tal como se da a entender cuando se llama al intestino «el segundo cerebro«,

la conexión entre la disbiosis intestinal y las enfermedades cerebrales (depresión, enfermedades degenerativas, Alzheimer) es ya indiscutible.

A esto se añade

un diagnóstico emergente -ignorado y/o menospreciado por los médicos- de una enfermedad que se está convirtiendo en una epidemia del siglo XXI: la candidiasis intestinal crónica.

La levadura, que vive en nuestro intestino y que cumple importantes misiones beneficiosas para nosotros, puede multiplicarse de manera desmesurada con la alimentación rica en azúcares.

La cándida albicans es, para mí, la sospechosa número uno de la mayoría de los trastornos intestinales mencionados; y, en caso de intestino permeable, puede penetrar incluso en el cerebro, donde ya ha sido detectada.

Algunos estudios consideran a la cándida, procedente del intestino, la causa de la enfermedad de Alzheimer.

D. INTESTINO PERMEABLE,  INFLAMACIÓN CRÓNICA Y AUTOINMUNIDAD

Alessio Fasano fue el primero en demostrar con su equipo, en el año 2.000, la existencia de la zonulina, una proteína que regulaba la permeabilidad del intestino, y cuyo mal funcionamiento puede dar lugar al intestino poroso o permeable (leaky gut syndrome).

Otros médicos, más intuitivos, ya habían sospechado antes la «hiperpermeabilidad» intestinal y la estaban tratando con dieta.

La absorción intestinal de los productos de la digestión se llevan a cabo a través de las vellosidades intestinales. Pero los enterocitos que actúan como barrera está unidas por una proteína llamada zonulina.

Diversos factores, entre los que se cuentan la alimentación, el estrés, el alcohol, etc. pueden dañar esa barrera y hacer que se vuelva demasiado permisiva, permitiendo el paso hacia la sangre de partículas de alimentos mal digeridos (gluten, caseína), bacterias, virus, hongos, etc.

Así

se produce una reacción inflamatoria e inmunológica que según las estructuras, glándulas, tejidos, que «se ensucien» (Jean Seignalet), sufrirán alguna de las enfermedades definidas como «autoinmunitarias»:

desde la artritis reumatoide a la tiroiditis de Hashimoto, pasando por los ovarios poliquísticos o la psoriasis; y otras no tenidas por tales, como la esquizofrenia o el autismo.

Fassano afirma que

no hay intolerancia al gluten (enfermedad celíaca) sin intestino permeable.

Yo añadiría que

esa alteración intestinal es condición necesaria para todas las enfermedades autoinmunitarias, aunque sean catalogadas como de causa «desconocida» o «misteriosa».

AUTOR: Dr. Jesús Nava Antuña. A Coruña, 26 de enero de 2020.

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